Un camino

No le diremos “adiós”, a quien nunca se ha ido. Pbro. Alfredo Madrigal Salas se jubila de su servicio como Director de CENACAT

¡GRACIAS, P. ALFREDO!

Heredia, su cuna; Limón, su destino familiar. Desde allí, la joven vida del hoy Pbro. Alfredo Madrigal, inició el dichoso camino trazado por el Señor para el servicio en la Iglesia, ingresando en el Seminario Menor de Tres Ríos en 1953 y recibiendo de Mons. Alfonso Höffer la Ordenación sacerdotal en 1964. La sed que llevaban sus venas, de asumir la catequesis como una tarea específica, fue pronto satisfecha con los estudios en el Instituto Latinoamericano de Catequesis, en Manizales, Colombia.

A su regreso, le esperaban los catequistas y los docentes y alumnos en la Educación Religiosa del Vicariato Apostólico de Limón, en razón de sendos nombramientos de su Obispo, que intuyó su peculiar vocación de docente y formador. Todo ello, y siempre en la mayor parte de su vida, simultáneo a la pastoral desde alguna parroquia, que amó entrañablemente. Testigos de la etapa limonense fueron los jóvenes seminaristas que Mons. Alfonso Coto le confió, para complementar con él su formación en una rica experiencia pastoral. También lo fueron un rudo “jeep” de color amarillo que se “comió” las distancias requeridas; y, por supuesto, el recordado centro formativo “Reina del Mar”. Por supuesto, desde aquellos años ya representaba al Vicariato Apostólico de Limón, por envío de su Obispo, en la naciente estructura de la “Junta Nacional de Catequesis”.

También ejerció como Profesor, Asesor Regional, Nacional y, finalmente como Director del Depto. de Educación Religiosa. Estos dos últimos servicios le requirieron la incardinación en la Arquidiócesis de San José, culminando dicha tarea educativa y administrativa, en 1989. Ello le facilitó llevar de manera más cercana y directa, el accionar del Secretariado Nacional de Catequesis.

Éste había nacido en 1982 bajo la responsabilidad de la Srta. Julieta Bolaños, generándose así una labor conjunta, estrecha y eficaz, promotora de necesarias innovaciones; fortalecida poco tiempo después, con la integración del P. José Celada M. CMF, quien asumió la Tesorería, aportando trabajo, transparencia, sentido fraterno y hasta oportuno sentido de humor. Los tres eran conscientes del valor de compartir y complementarse, desde las más importantes decisiones, hasta lo cotidiano. Así lo corrobora la anécdota de que, regresando juntos de Europa (por expresa y fraterna invitación del P. Celada) en medio de una larga y fuerte turbulencia, éste, con su característico humor, acotó: “…deberíamos viajar como la nobleza, en vuelos separados…”

Fue así como juntos ofrecieron confianza a los Directores Diocesanos, en la innovada “Comisión Nal. de Catequesis” (CONEC), bajo la Presidencia episcopal de Monseñor Antonio Troyo C. El crecimiento de la CONEC supuso que se sumaran a las tareas, en todos los ámbitos, muchos entusiastas colaboradores presbíteros, algunos religiosos y sobre todo, muchos laicos, que acogieron con muy buen ánimo su labor. El P. Alfredo impulsó el dinamismo de la organización catequística en diócesis y parroquias, siempre priorizando la formación de los catequistas, así como visitando los presbiterios de las diócesis y compartiendo en equipo. Ello, sin menoscabo de la propia parroquia, ni de la participación fraterna en su respectivo presbiterio.

En esta simultaneidad de tareas pastorales, docentes y catequéticas, completó sus estudios teológicos y pedagógicos: el Profesorado en Enseñanza Religiosa para III y IV ciclos; el Bachillerato en Teología (UNA, 1985); la Licenciatura en Ciencias de la Educación con énfasis en Currículum (UCR, 1988); y el Doctorado en Ciencias de la Educación por la Universidad Católica (2009). En su formación se evidenció la disciplina inculcada en el Seminario por los PP. Vicentinos, alemanes. La fidelidad a los Sres. Obispos según sus diferentes responsabilidades, fue correspondida por ellos con signos de mucha confianza. De esta manera, debió hacer un paréntesis de 6 años en CONEC, para ejercer como Secretario Adjunto de la CECOR, y director de la Sede de ésta. Y fue precisamente al final de este período (2008), que conjuntamente con Mons. Guillermo Loría y cercanos colaboradores en la Institución, se impulsó el paso transformador que potenció a la CONEC, convirtiéndola en el hoy CENACAT, con proyección y funciones más amplias y exigentes. Siempre acompañó las tareas de los respectivos responsables, especialmente en los Deptos. de Formación y de Publicaciones, éste al servicio de aquélla. Ciertamente no faltaron en su camino momentos difíciles; pero fueron mucho mayores las satisfacciones y los frutos recogidos. Sobre todo, porque supo escoger con sabio criterio a los colaboradores y propició con todos ellos, como marca de la Institución, el trabajo en equipo y el espíritu fraterno.

A escala internacional, son de recordar los provechosos años compartidos por el P. Alfredo en el equipo de “expertos” del Departamento de Catequesis del CELAM (DECAT). Y, por supuesto, en la creación y fortalecimiento de la Sociedad de Catequetas Latinoamericanos (SCALA), a la que Costa Rica apoyó dando acogida a 4 de sus Asambleas Generales; Sociedad de la que el P. Alfredo continúa siendo miembro.

Celebró diversos e importantes aniversarios de la Institución en su continuidad bajo los tres nombres citados, con enorme gozo propio, de los Directores Diocesanos a quienes procuró ayudar con esmero, del personal y de los catequistas en general. Así, se dispuso a preparar el 50º aniversario. Habiendo atendido varias parroquias durante 30 años, en vista de lo anterior fue relevado por el Sr. Arzobispo Mons. José Rafael Quirós, de la última tarea pastoral, desempeñada con satisfacción y esmero como Rector del Templo Votivo al S. Corazón de Jesús. De esta manera, el año 2017 registra, entre los diversos momentos conmemorativos, el 3er. Encuentro de Catequistas, con la histórica concentración de unos 8 mil de ellos, a los pies de N. Sra. de los Ángeles.

¿Algo más por solicitar al P. Alfredo en favor de la catequesis, por el CENACAT, por los catequistas? Sí, quizá un “detalle” más: los del pasado lejano y los del más reciente, le solicitamos que permanezca espiritualmente unido con quienes compartimos su camino, en el que no faltaron piedras, pero sobraron árboles plantados, con excelentes frutos. De esta manera, su oración, consejo y testimonio, nos acompañarán siempre.

Y… ¿algo que ofrecerle como signo de gratitud? ¡Imposible superar la mirada complaciente del Señor Jesús, ante tan larga y generosa realización en su Iglesia!

Por eso, no hay despedida. No le diremos “adiós”, a quien nunca se ha ido.

¡Gracias, P. Alfredo!

Tus amigos, Mons. Óscar Fernández, los Directores Diocesanos y los colaboradores internos de CENACAT.

Tópico: Comisión Nacional de Catequesis|Ver por tópicos
Publicado: 2018-06-11 16:58:10