¿A cuál Navidad nos preparamos?

Esperando a un niño

Una futura joven madre en España, expresaba así la alegría de su espera:

“… Cuántos días sin aparecer por aquí, entre los calores de este rincón de España, el disfrute del verano, y las idas y venidas de amigos, no he tenido el espacio ni la tranquilidad para sentarme a escribir. Son miles las situaciones que día a día se suscitan en mi estado; es que se dice fácil, pero el crecimiento de una nueva vida es un verdadero acontecimiento psicológico y biológico, ¡vaya, que sí lo es!...

…Hoy es un gran día, un día especial que esperábamos con ansias, la primera ecografía con apenas 12 o 13 semanas de embarazo. Hoy 27 de agosto al mediodía, conocimos algo de la carita de nuestro bebé. ¡Qué emoción!... Y qué tranquilidad es que, a pesar de tener la confianza de que todo se desarrolla con total naturalidad, algo de incertidumbre siempre está presente, las madres me entenderán…” seremama.blogspot.com

En efecto, la llegada de un niño y la espera de la criatura desde su gestación y embarazo, es motivo de alegría, esperanzas e ilusiones para todos y todas en la casa, no solamente para sus padres. De allí de los preparativos para recibirlo. Obviamente, no todas las familias tienen iguales recursos y motivación: un niño no deseado, o que nace en pobreza, marginación, distanciamiento de sus padres.

De ello y de esto sucedió con Jesús, que fue esperado por el mundo, por Israel su pueblo, por su familia, María y José, que fue recibido con tanta alegría y esperanza y, que a la vez, fue rechazado por los suyos… (Jn 1,11). Este es el misterio que vamos a celebrar en Adviento y en Navidad, la espera de este niño, que es Dios y hombre verdadero. El que, siendo la Palabra, se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Jn 1,1-14).

El niño en la historia bíblica

En la historia bíblica que es historia de salvación, la llegada de un niño era motivo de alegría, de esperanza y de sueños. Los niños del pueblo de Israel, eran esperados con ilusión, tensión y optimismo, pues en cada uno se veía el futuro del pueblo, de la familia, del clan y de la descendencia y, a la vez, en ellos se cifraba la esperanza de la salvación.

Así, podemos ver las diversas circunstancias que rodeaban el nacimiento de Isaac, el hijo de la promesa (Gén 21); el nacimiento de Esaú y Jacob (Gén 25,20-34), los diversos hijos de Jacob (Gén 29,31-24; 35,16-20); el nacimiento de Moisés (Éx 2,1-10), por nombrar solamente a éstos que llevaban en sí el cariño especial de sus padres y la semilla de ser antecesores de un pueblo, el pueblo de la salvación. En ellos se ve la providencia de Dios, la dedicación y cariño de sus padres y la vida que comienza, en medio de las dificultades, pruebas, sufrimientos y esperanzas de aquellos que lo recibieron con la fe puesta en Dios, fuente de la Vida.

Por eso, la Biblia constantemente cuenta de estos acontecimientos familiares, en los que se descubre la mano de Dios en estas vidas frágiles que comienzan, pero que en resumen, son ellos los que llevan en sí el futuro de Israel y del mundo. De allí que, con el último niño antes de Jesús en la familia de Zacarías, todos se preguntaban: ¿Qué llegará ser este niño?… Porque efectivamente el Señor estaba con él… (Lc 1,66). Y este niño fue Juan el Bautista.

El profeta Isaías nos presenta el embarazo de una muchacha, que va a dar a luz a un niño llamado Enmanuel (Is 7,14); de un niño príncipe de la paz (Is 9,5); de un niño “retoño”, es decir, descendiente de David (Is 11,1-5), que nacería en Belén, de una madre que habría de darlo a luz… (Miq 5,1-2).

Todos estos chiquitos de la Biblia preanunciaban a Jesús. Todos ellos, desde Abrahán hasta David y desde David hasta Jesús, como vemos en la genealogía de Jesucristo, en Mt 1,1-17, prefiguraron al Mesías. Algunos de ellos fueron muy importantes, otros menos… Lo cierto es que con ellos, Dios fue preparando al pueblo de la alianza a recibir al niño Jesús, en la plenitud de los tiempos (Gál 4,4).

No preparamos al nacimiento de Jesús

Los evangelistas Mateo y Lucas solamente, nos cuentan la concepción y el nacimiento de Jesús, coincidiendo en el dato fundamental: Jesús nació en Belén, de una madre virgen, casada con un hombre llamado José de la familia del rey David, como cumplimiento de las antiguas profecías mesiánicas y como la llegada de la salvación, en el niño Jesús (Mt 1-2; Lc 1-2).

Este es el niño Jesús a quien aguardamos en Adviento y celebramos en Navidad, con los mismos sentimientos de María y de José, de los hombres y mujeres que fueron sencillos y abiertos en los días de su nacimiento a recibirlo, que supieron descubrir en Él al Salvador del mundo. Naturalmente, no estamos afirmando que Jesús vendrá de nuevo a nosotros como un niño.

Pero, ¿a cuál navidad nos preparamos?

• La Navidad comercial

La fiesta de Navidad es una ocasión extraordinaria del comercio para multiplicar las ventas de toda clase de productos. Se advierte su proximidad, ya desde tres meses antes de diciembre, por la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y escaparates, con miles de bombillos, decoraciones y luces. Comercialmente se despliega una actividad casi desenfrenada, que da lugar a ventas abrumadoras, felicitaciones con tarjetas apropiadas, intercambio de regalos, programas televisivos especiales, discursos de algunos mandatarios, fiestas compartidas con los compañeros de trabajo, bailes y comidas abundantes. Resulta entonces que uno de los protagonistas más destacados de la Navidad es el consumo, que aleja del sentido cristiano de la Navidad, ya que nos invita al gasto desmedido, y nos hace olvidar al “Cumpleañero”, al que es el centro de la celebración.

Compartir con los menos favorecidos, podría ayudarnos a no dejarnos “arrollar” por la corriente consumista, y dejar espacio a la verdadera Navidad.

• La Navidad familiar

La Navidad es una fiesta de familia, con el portal, el árbol de Navidad o los dos a la vez. Es un tiempo propicio que reúne a los miembros a veces dispersos o escasamente comunicados. La Navidad familiar se hace visible por el regreso de muchas personas al lugar de su nacimiento y a las raíces de su hogar, a la tierra de los antepasados. Ven a mi casa esta Navidad, canta una canción conocida por estos días.

Entonces el Adviento o Espera es una ocasión para orar, encendiendo las velas de la guirnalda de Adviento; para comer juntos, compartir, desde una comidita sencilla, hasta una fiesta con tamales el 24 de diciembre. Todo ello se presta para la liturgia familiar, con los padres, los niños, las personas mayores, los jóvenes. Se procura olvidar pleitos, tensiones y rupturas. Son días de encuentro y de gozo, de nostalgia y recuerdos de los miembros ausentes, y con abundancia o estrechez, de alguna manera se comparte comida, villancicos y regalos, de manera preferente, los niños.

En Navidad son recordadas las personas y los pueblos de otras naciones en su condición de exiliados, alejados de sus países de origen, encarcelados, huérfanos de todo tipo y, en general, los pobres y los marginados. Por estas razones se promueven en parroquias y grupos diversos, colectas y gestos caritativos, al mismo tiempo que algunas asociaciones desarrollan aluna particular actividad. Cuando se ha tenido experiencia familiar de la Navidad, nunca se olvida. Para muchos, Navidad es exclusivamente una fiesta familiar. Pero no siempre en ésta el centro es precisamente el Jesús que nació en Belén…

• La Navidad popular

Además de celebrar a Jesús con los portales que vemos puestos en las iglesias, casas, hasta tiendas, comercios e instituciones, calles y demás…, propios de esta fiesta son los árboles de Navidad con adornos y luces. Significativas y populares son las comidas típicas, como nuestros tamales. Los días navideños son días festivos intensos por la coincidencia de las vacaciones escolares, la fiesta del fin de año (el 31 de diciembre y el año nuevo), y porque es momento de renovación de la vida: la necesidad de empezar cada primero de enero, del rechazo de los fracasos y de esperanza en una nueva vida. También juega un gran papel el reparto de juguetes en la Nochebuena o en algunos países, el día de los Reyes Magos.

Navidad y Año Nuevo sirven de ocasión para que las autoridades civiles o religiosas, como el Papa, dirijan mensajes especiales a sus ciudadanos o a los fieles, para hacer un balance anual y animarlos a vivir en paz. Navidad es tiempo de tregua social, donde se borran las diferencias y se tratan de solucionar los problemas. Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria del Tercer Mundo, la xenofobia contra los inmigrantes en varios países, el terrorismo y otras desgracias del mundo.

En medio de todo esto, no faltan los que rechazan la Navidad, basados en argumentos distintos o disímiles: Jesucristo no nació el 25 de diciembre, santa Claus no existe; Navidad es una fiesta hipócrita, ya que se rechaza la guerra sólo durante esos días; se oyen canciones “acarameladas” y se ven películas “sentimentaloides”; los árboles de Navidad son anti- ecológicos y lo que únicamente importa es el comercio.

Algunos pesimistas sostienen que la Navidad es un monumento del pasado y una idolatría del presente, ya que deshonra el nacimiento de Jesús de Nazaret. Otros, más “hipocondríacos”, creen que en esas fechas hace estragos el síndrome navideño de la depresión.

En todo ello, si los cristianos aportamos desde nuestra fe el auténtico sentido de la fe vivida en Cristo que se hace presente por estos días, sabremos descubrir que el “Niño Dios” tiene un lugar preferencial en lo más noble de nuestras celebraciones y encuentros, en el compartir, saludar, ayudar a quienes nos necesiten; en la medida en que podamos vivir la caridad, la justicia y la paz, de la que tanto se pregona por estos días. Cuando la fe se vuelve vida y práctica, viene el Niño Dios…

• La Navidad litúrgica

Para los cristianos creyentes y practicantes, para los católicos, la Navidad es cercanía de Dios, animada por la imagen del Niño nacido en Belén; es memoria de solidaridad y apelación de fraternidad, libertad y paz. La Navidad cristiana se centra en la Encarnación del Salvador, del Hijo de Dios, en su compasión por la humanidad necesitada de Redención, en su identificación con el pueblo sencillo, en su amor por todos los seres humanos. El sentido de la fiesta litúrgica navideña, está en los relatos de la infancia de Jesús, que proclaman evangélicamente el nacimiento del Hijo de Dios.

La celebración litúrgica de la Navidad testimonia el nacimiento de Jesús con el término “encarnación”. “El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14), se lee en la misa del día de Navidad. Por la Encarnación, Dios adquiere la experiencia humana de la compasión y de la solidaridad. La Encarnación de Jesús es “abajamiento” que termina en la muerte, inicio de su retomo glorioso al Padre (Filip 2,6-11).
Llamamos a esta celebración de la Navidad “celebración litúrgica”, en la que la Eucaristía de medianoche (o de la noche), se hace presente Jesucristo. De allí que el tiempo de Navidad litúrgicamente comienza con las primeras vísperas de la Natividad del Señor, el 24 de diciembre por la tarde. Y culmina con la fiesta del Bautismo del Señor.

Dentro de este tiempo se celebran la fiesta de la Maternidad de María (el 1 de enero), la Sagrada Familia (el último domingo de diciembre) y la Epifanía (domingo después del 1 de enero). Toda la celebración del tiempo de Navidad está orientada a expresar, por medio de los signos sacramentales, el misterio de la Encarnación, nacimiento y manifestación del Señor al pueblo de Israel y al mundo entero.

Destacan los momentos de reflexión, lectura meditada de la Palabra de Dios, además de la alegría y de la fraternidad dentro de la parroquia, comunidad, barrio, etc. En todo esto, de seguro que se hará presente el Señor, este “Niño especial” que con tanta ilusión aguardamos como lo hicieron María y José; este Jesús que nunca ha dejado de estar con nosotros. Porque, como expresan el profeta Isaías y el evangelista Mateo, este Niño es el “Enmanuel”, es decir, “Dios con nosotros” (Is 7,14, Mt 1,22-23).

¿A cuál Navidad nos preparamos?
¿Acaso no podemos tomar lo mejor de cada una de éstas y preparar en el Adviento “la mejor Navidad”?

Déjenos conocer su opinión.

Autor: Pbro. Mario Montes Moraga
Biblista del Centro Nacional de Catequesis

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis