¿Estamos solos en el Universo?

Nos inquieta la posible existencia de los “extraterrestres”…

¿En qué nos afecta? ¿Simple curiosidad? ¿Temor a tener que “compartir” con desconocidos? O, ¿temor a esos desconocidos? El cine se ha encargado de alentar la fantasía de posibles “guerras” con ellos, como si no fueran ya suficientes las que agobian al mundo. De los así llamados objetos voladores no identificados, se habla y se escribe, pero no se tienen evidencias o certezas absolutas, aunque algunos afirmen que sí las hay y narren “experiencias” que causan excepcional asombro. La ciencia y la tecnología tendrían que darnos progresivamente elementos más objetivamente confiables.

¿Puede la Biblia decirnos algo al respecto?

Quienes la escribieron, no sabían de astronomía moderna. Por eso, al describir el cielo, lo presentaban como una bóveda o cúpula (Jb 37,14; Gén 1,7) y pensaban que las estrellas, el sol, la luna y los astros, colgaban del cielo como lámparas o luminarias (Gén 1,14-15). Ellos no sabían que los astros eran los planetas que conocemos y estudiamos; y mucho menos, de cuanto hoy sabemos por la ciencia acerca del Universo.

La respuesta, por lo tanto, no nos la puede dar la Biblia. Y si pretendemos arrancársela, corremos el riesgo de manipular sus textos, como afirmar que los ángeles son extraterrestres o cosas parecidas. Algunos han llegado a afirmar que el carro que vio el profeta Ezequiel era un OVNI, porque es descrito bastante llamativo: muy brillante, con cuatro seres misteriosos con alas (Ez 1,5-14), que sostienen una especie de plataforma semejante a una carroza (Ez 1,15-21) y además, un ser divino en medio del trono, parecido a un hombre (Ez 1,26-28). El carro, además, tenía cuatro ruedas que avanzaban en las cuatro direcciones y cuyas “llantas” estaban llenas de ojos (Ez 1,15-18). Nada más lejos de la verdad. Simplemente lo que vio Ezequiel fue la gloria de Dios, sentado en su trono (Ez 1,28). Los seres que observó eran los querubines, seres misteriosos que estaban junto al trono de Dios, custodiándolo (1 Sam 4,4; 2 Sam 6,2). Además, estos seres estaban sirviendo de adorno en el templo de Jerusalén (1 Rey 6,23-29). Las ruedas del carro son las que tiene la carroza del arca de la alianza, el vehículo en que Dios se “montaba” para desplazarse de un lado a otro, según las creencias judías. Y están “llenas de ojos”, porque los ojos significan la sabiduría de Dios. El vehículo tiene como bóveda el cielo o firmamento, ya que, según la Biblia, Dios vive en lo alto del cielo. El fuego que rodea al ser divino, indica que éste es Dios, el cual se aparece o se manifiesta en medio del fuego, en las manifestaciones a su pueblo (Ex 19,18).

La Biblia no lo sabe, ni lo niega ni lo afirma. Ahora bien, Dios, en su infinita sabiduría, pudo haber creado otros mundos con otras vidas, que ignoramos y que no las conocemos. Y si esto fuera así, ¿no reflejarían su amor y su inmenso poder Creador?

El mensaje de la Biblia se centra en torno al ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios. Él nos ama, y desea que, al vivir y convivir seamos felices compartiendo los que somos y lo que tenemos… ¡lo que Él mismo nos ha dado!

¿Quién es mi vecino?, ¿qué necesita?...
¿Dónde está mi hermano?, ¿por qué no sé nada de él?...

Los que más me han ayudado, ¿qué se hicieron?, ¿acaso están necesitando ahora de mí?...
¿Cuánto tiempo más podré ver y ocuparme de mis padres?, ¿qué hago por ellos?...

Mis compañeros y compañeras de trabajo, ¿qué podrían esperar de mí?...
Mis pequeños me esperan cuando regrese del trabajo, ¿les llevaré una sonrisa?

Éstas no son distancias astronómicas, sino humanas… ¡de seres que sí conocemos!

¿Qué opina Ud.?

Autor: Pbro. Mario Montes Moraga

Biblista - Centro Nacional de Catequesis

 

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis

Más publicaciones del autor|Ver todas las publicaciones|

Fecha de publicación: 10 de agosto del 2010