Jesús, un Cristo “mercantilizado”

El Cristo de los “best- sellers”

Cuenta san Lucas el Evangelista que Herodes Antipas quería conocer a Jesús, por las noticias que le llegaban de Él, de sus milagros y de lo que a gente opinaba de su persona. Quería satisfacer su curiosidad (Lc 9,7-9). Igualmente, en el mundo de hoy, hay personas que sienten cierta curiosidad por conocer o saber de Jesús, no precisamente motivadas por la fe o porque quieran vivir sus enseñanzas. Otros buscan en Él lo maravilloso y milagrero, cosa que, por los Evangelios, para nada le gustaba al Señor (Mt 12,40). Para otros, Jesús ni existe.

Otros, como ya se ha visto, lo consideran un hombre “superstar” (superestrella), un gran hombre o un admirable maestro. Otros se oponen a su mensaje, como sucedió en Israel y ha venido sucediendo a lo largo de dos mil años. Abunda la literatura sobre Jesús, que siempre ha sido una figura apasionante. Una literatura que, a veces, es más morbosa y comercial que otra cosa.

Una pregunta en pie

¿Quién es Jesús? (Lc 9,18-20). La pregunta sobre la identidad de Jesús sigue en pie. Desde los enfermos que Él curaba, la gente, los discípulos y aquellos que lo siguieron, hasta actualmente en la Iglesia y en el mundo, hoy son otros los que se siguen preguntando: ¿De dónde viene? ¿Quién le dio su poder? ¿Cómo es que Él enseña con autoridad? ¿Son fiables los Evangelios? ¿Es posible contrastarlos con otras fuentes antiguas, por ejemplo, los Evangelios apócrifos? Jesús ¿es realmente Dios y hombre?

No obstante, en los últimos años, ciertos descubrimientos arqueológicos no sólo han despertado la atención de los expertos, sino que han suscitado la curiosidad del gran público, presentando, al menos aparentemente, nuevos datos que han vuelto insatisfactorias las respuestas tradicionales a todas estas preguntas. Además, las interpretaciones sensacionalistas sobre las figuras de Jesús, de los apóstoles (en especial, Judas Iscariote) o de María Magdalena, que aparecen a diario en los medios de comunicación, han puesto sobre el tapete la necesidad de responder con urgencia a los nuevos cuestionamientos.

Y para colmo, cierta curiosidad morbosa, ha hecho que abunde todo tipo de novelas de ficción sobre los orígenes cristianos y sobre Cristo mismo. Existen relatos que suelen presentar una trama verosímil con los últimos descubrimientos (o, al menos, con algunos), muy bien preparada de forma que resulta todo un éxito, que intenta presentar novedades o datos “insólitos” de la vida del Señor. Todo esto ha contribuido a llenar los estantes de las librerías de obras curiosas.

Además, este tipo de literatura de ocasión, junto con la recepción acrítica de informaciones muy poco científicas, ha creado confusión, descontento y sospecha hacia la enseñanza de la Iglesia, por parte de ciertos cristianos. Porque la línea entre la ficción y la realidad se borra fácilmente, generalizando ciertas afirmaciones que nada tienen que ver con la historia y con la verdad sobre Jesucristo.

Es decir, hay de todo, no sólo informaciones tendenciosas y presentaciones parciales, sino que rayan entre lo blasfemo, lo simplemente especulativo, lo inverosímil y lo sensacional en cuanto a la vida de Jesús. Mientras los investigadores de los institutos más destacados del mundo, rastrean las evidencias históricas de su existencia, convierten su figura en un verdadera muestra de estantería, reduciendo a Jesús a un personaje vendido en libros (best-sellers) hechos de mentiras y especulaciones ridículas (que tuvo hijos, que fue un marciano, que fue un charlatán) o que eligió actualmente a un hombre puertorriqueño para reencarnarse.

Se multiplican las páginas de Internet para atacarlo o venerarlo; la cantante Madonna de forma irreverente recuerda su crucifixión en sus presentaciones musicales, y el cineasta Mel Gibson lleva a los extremos en la película “La Pasión”, el llamado género “gore” (un término en inglés que significa “sangre”), es decir, realizando una película a base de escenas sangrientas y muy violentas, que hizo que mucha gente quedara horrorizada y escandalizada. Incluso se ha llegado en el cine, en torno al tema de Jesús, a presentar escenas grotescas con fuertes contenidos sexuales explícitos (la llamada “pornografía cristiana”).

Libros enteros hoy tratan de contestar cuestiones como éstas: ¿Tuvo Jesús amoríos con María Magdalena? ¿Fue Jesús un místico, un gnóstico o un charlatán? ¿Fingió su muerte y salió clandestinamente de Israel? ¿Se fue a Egipto? ¿Escribió cartas a los judíos principales, afirmando que todo había sido falso, que Él nunca se proclamó Hijo de Dios? ¿Tuvo hijos con María Magdalena? ¿Celebró su última cena con sus amigos, 25 años antes de su muerte? ¿Ha sido encontrada la verdadera tumba de Jesús? ¿Hablan los escritos de los monjes judíos, los esenios de Qumrán, sobre Jesús? La Iglesia ¿estará ocultando la verdadera información sobre Él? ¿Existió Jesús o es un mito o un fantasma, creado por los cristianos? ¿Tuvo Jesús realmente una esposa o una familia?

Estas y muchas más cosas, se escuchan y se ven todos los días en programas de radio y televisión, en artículos de prensa, en documentales, en literatura de ficción, en el cine y en grandes titulares, para concluir, según algunos, que las enseñanzas de los Evangelios y de la Iglesia sobre Cristo, son una gran mentira o tergiversación y que los cristianos han vivido engañados. Ya desde su infancia, se han venido afirmando todas estas cosas.

En efecto, algunos han llegado a afirmar que Jesús desde jovencito se fue a la India y que allí aprendió a ser una especie de “faquir” o “kalimán” para dominar su cuerpo y aguantar el dolor, por eso pudo soportar la cruz (Kalimán es una especie de super-hombre, un “yogui” o “fakir”; es un maestro de la India, que practica la meditación). Que los “yoguis” o “fakires” le dieron sus secretos, por eso es que los Evangelios no dicen qué hizo de los doce a los treinta años, porque ese tiempo estuvo en la India.

Luego concluyen que Cristo no murió en la cruz y, por lo tanto, no resucitó, que luego regresó a la India, a Cachemira, que allí se casó, tuvo hijos y murió de muerte natural. Otros dicen que Jesús se fue desde niño a Egipto y se metió bajo las pirámides, y de esas figuras triangulares recibió la energía y la sabiduría que después demostró.

Otros afirman que Jesús hizo estudios de maestro de la ley o de escriba. Esos «estudios especializados» los hacían unos pocos varones judíos entre los 13 y los 40 años, para luego “graduarse” como maestros. Pues bien, del único que sabemos que hizo ese tipo de estudios fue Saulo de Tarso o san Pablo, en la escuela de Gamaliel (Hech 22,3). Otras teorías, todavía más insostenibles, llegan incluso a afirmar que Jesús tuvo contacto con los hoy llamados extraterrestres (¿existen?) y que recibió de ellos su sabiduría y sus poderes milagrosos. Otros menosprecian la labor de los evangelistas y afirman que los evangelios son una mala interpretación de la vida de Jesús. Es lo que trata de difundir un supuesto investigador español, a quien algunos medios de comunicación costarricenses dieron amplia difusión, por sus libros denominados Caballo de Troya.

Por los Evangelios, vemos que la formación y la cultura de Jesús fueron completamente judías, y en ellas tuvo influencia su familia y el ambiente de Galilea donde vivió. Sus enseñanzas no incorporan elementos hindúes, ni tampoco elementos de las corrientes egipcias y orientales. El pueblo, en su mayoría, supo entenderlo, porque usaba su mismo lenguaje y era uno de ellos (Lc 4,22).

Los best- seller de Jesús (libros de mucha venta)

En la primera década de este siglo XXI, dos acontecimientos editoriales ligados a la persona de Jesucristo, rebasaron el ámbito de la religión y se extendieron al público de nuestros países. El primero fue la aparición, en el año 2003, de una novela de misterio, llamada “El Código Da Vinci”, del autor inglés Dan Brown. El libro planteaba, a grandes rasgos, que Jesús tuvo una relación amorosa con María Magdalena y que de ella nació el linaje de los llamados “merovingios”, que se extiende hasta nosotros. Los merovingios formaron una dinastía de reyes franceses, uno de ellos se llamaba Meroveo, el fundador, y se consideraban descendientes de María Magdalena.

Brown manipuló los datos históricos a su antojo, al retomar elementos de la Nueva Era y su fórmula tuvo bastante éxito: la obra se tradujo a 40 idiomas, vendió más de sesenta millones de copias y en el año 2006 se estrenó su adaptación cinematográfica. Según los medios de comunicación, el libro generó ingresos por 250 millones de dólares. La película, cuya inversión fue de 125 millones de dólares, tuvo ventas mundiales por casi mil millones.

El segundo evento fue la publicación del “Evangelio según Judas”, un texto perdido alrededor del año 150 d. C. Fue redescubierto en una cueva de Egipto en los años setenta, pero en el año 2006 vio la luz tras una meticulosa restauración, patrocinada por la Sociedad Nacional Geographic. Según este texto, Jesús mismo fue el que, junto con Judas Iscariote, organizó su crucifixión para cumplir un plan divino. La promoción comercial de este hallazgo hizo que, por varios meses, el nombre de Jesús apareciera en periódicos, programas de televisión, anuncios espectaculares y hasta en las paradas de autobuses. Naturalmente, la respuesta de la Iglesia no se hizo esperar, en diversos foros, publicaciones y comunicados, así como en varios análisis teológicos y pastorales desde la Biblia y desde la enseñanza del Magisterio, desmintiendo todo esto.

En el mes de abril del año 2007, circuló una información sobre el hallazgo de una tumba que habría sido la sepultura de Jesús, con una inscripción que lleva su nombre, en un barrio de Jerusalén y que, supuestamente tiene unos dos mil años de antigüedad. Que el descubrimiento lo hicieron unos cineastas canadienses, que han producido un documental llamado “La Cueva de la Tumba de Jesús”, para ser transmitido en el Word Discovery Channel.

Afirmaban que en ella hay diez féretros, seis de los cuales tienen inscripciones que incluyen los nombres de Jesús, hijo de José, dos veces el de María, posiblemente María Magdalena y Judas hijo de Jesús, concluyendo entonces que este Jesús es Cristo, el hijo de José y que el tal Judas es hijo de Jesús. Ante tales “descubrimientos”, un arqueólogo israelí llamado Amos Klosner tuvo serias dudas sobre ellos, después de haber investigado estas tumbas, de que se trate realmente de la tumba de Jesús. Afirma que el documental es “toda una farsa publicitaria, un excelente material para una película de televisión, pero un total sin sentido, algo absolutamente imposible, una verdadera estrategia del mercado, que no existen verdaderas pruebas y que es solo una maniobra para vender”.

El informe decía que la tumba de Jesús se encontró en el barrio de Talpiyot en Jerusalén. Pero si se consultan los Evangelios, en especial la información del evangelista San Juan, y posteriormente la tradición, sustentada por los hallazgos arqueológicos posteriores, resulta que la verdadera tumba de Jesús se situaba cerca del Gólgota, lo que hoy constituye la Basílica del Santo Sepulcro (Jn 19,39-41; Mt 27,59-60; Mc 15,46; Lc 23,53; Jn 20,1. 4-7).

Como se puede ver, todo esto que se ha presentando, ha querido sacar de mentiras verdades. Lo que se ha pretendido es explotar la vida íntima de Jesús que ha sido “tramposamente ocultada”, según sus autores. Con esto, se despista a la gente, se deforma la figura de Jesús, se pone en entredicho las enseñanzas de la Biblia y de la Iglesia, se pierde el tiempo en banalidades, no yendo a lo fundamental.

El mercado literario o fílmico explota todas estas sospechas, ofreciéndolas a la gente como la verdadera cara del cristianismo, que la Iglesia ha querido esconder o tan distinta de la fe que ha sido enseñada. La fantasía que se vende, pretende hacer creer a sus consumidores que se está ante la verdad. Novelas, películas y documentales preguntan, dudan y dan origen todo tipo de especulaciones, acerca del origen de Jesús, de su historia y de sus seguidores.

La Iglesia se vuelve objeto de sospecha, se pone en entredicho la fe, se la presenta como fuente inagotable de ficción literaria o cinematográfica. Crece así el gusto por lo esotérico, lo extraordinario, lo anormal, y lo mejor para ello es la figura de Jesús, que ya no es abordada desde la Biblia o desde la Iglesia. Entre la blasfemia, la reinterpretación y la apología o defensa, Jesús es apropiado por personas no creyentes. Su influencia parece explicarse más por las dudas y las imprecisiones, que por la verdad del Evangelio y dejan más preguntas que respuestas en mucha gente.

La posición de los cristianos

De forma que Jesús es una especie de categoría que da cabida a las ideas, tendencias, acciones e imágenes más variadas o extravagantes. Por eso, ante la diversidad de expresiones tan contradictorias y desconcertantes, el Papa Benedicto XVI enseña a los cristianos que, como creyentes deben regresar al Jesús de los Evangelios, al Jesús vivido y enseñado en la Iglesia, con verdaderas actitudes de fe en Él. O sea, confiar que los textos de la Sagrada Escritura son auténticos y enterrar, de una vez por todas, todos los evangelios apócrifos manipulados, los ensayos históricos y las reconstrucciones “forenses” de su rostro, que se intentan presentar en ciertas películas o documentales muy poco científicos.

Los cristianos, a diferencia de Herodes o de la gente que en su tiempo se preguntaba sobre Jesús, saben quién es Él. No sólo creen en Cristo como Hijo de Dios y Salvador de la humanidad, sino que se adhieren a las enseñanzas de la Iglesia, que presenta en su reflexión teológica, en la catequesis y en la celebración. No pueden ni deben asumir, sin un mínimo criterio de discernimiento, aquello que venga a distorsionar la imagen del Redentor o aquello que les guste por lo novedoso o llamativo que pueda ser, lo que se les ofrece como lo más sensacional que se haya descubierto sobre Jesucristo, según la tendencia ideológica imperante.

Porque la figura de Jesús no puede reducirse a una figura de mercado y de dividendos, a un protagonista de best- sellers, a un icono plástico, a una estrella de cine o a un líder de estadísticas. Pues como Hijo de Dios hecho hombre, sobresale sobre las demás figuras históricas y sobre los modelos humanos. No es un “conejillo de indias”, ni simplemente se debe negociar con su imagen. No es manipulable su figura en razón de motivaciones individuales o espúreas, ni es un nuevo ídolo de la Nueva Era, ni debe ser objeto de consumo (como el Colacho de la Navidad comercial). El verdadero Jesucristo sólo puede ser descubierto en la fe de la Iglesia que, desde que se encarnó y vivió en este mundo, lo ha seguido y ha tratado de presentar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, su auténtica personalidad y su misterio.

¿Usted qué opina?


Autor: Pbro. Mario Montes Moraga
Biblista - Centro Nacional de Catequesis

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis