A raíz de la película llamada Noé

En estos días se ha estado presentado en Costa Rica, la película llamada “Noé” (“Noah”), del director Darween Aronofsky, y cuyo actor principal es Russell Crowe, que interpreta al patriarca Noé. A lo mejor, por Internet y por las redes sociales, nos hemos enterado de la aprobación o crítica a su argumento, sacado de las páginas del Antiguo Testamento, en concreto del libro del Génesis (Gén 6,4-9,17).

Por eso, es importante que más allá del dato bíblico y de la película misma, tengamos en cuenta lo siguiente:

- Lo primero que hay que evitar es quedarnos simplemente con la idea del Dios castigador, que mata a los seres humanos pecadores por medio de una terrible inundación, ya que la otra “cara de la medalla” del Dios bíblico del Antiguo Testamento, es la de ser un Dios bueno y misericordioso, que busca ante todo salvar a los seres humanos y al mundo, y no destruir por destruir.

- De allí que hay que “abandonar” el lado “groseramente antropomórfico” que nos presenta los autores sagrados acerca del Dios de Noé, para dar el paso al Dios que se revela como un Dios Amor en Jesucristo. Es decir, pensar que Dios se enojó, se arrepintió, decretó la catástrofe del diluvio y aspiró el aroma del sacrificio de Noé, es quedarnos con lo que dice el texto o lo que presenta la película. Son imágenes que no debemos tomarlas al pie de la letra, sino ir más allá de su literalidad. Más bien, las imágenes del “Dios violento” de Gén 6,5-9,14, son una llamada a revisar seriamente nuestras las violencias y nuestros “castigos”, por los daños que nosotros mismos nos provocamos y realizamos (conductas “depravadas” citadas en Gén 6,5.11).

- Es necesario analizar la frase bíblica que dice: “Dios se acuerda…” (Gén 8,1), para descubrirlo como al Dios de la reconstrucción, de un Dios que, como con Noé, camina con nosotros en la historia y al que podemos confiarnos como hijos suyos. Un Dios de Vida que crea espacios para todos. El diluvio es la “recreación de la vida”, disminuida y aplastada por todas estas situaciones de muerte descritas, de un Dios que “no quiere destruir la tierra” (Gén 9,15).

- Replantearnos, desde la película, la figura y el papel de Noé, cuyo nombre significa “consolar”, como exclamó su padre Lamec, el día en que nació: “Este nos consolará de nuestros afanes y de la fatiga de nuestras manos, por causa del suelo que maldijo Yahvé” (v.29). Noé es un hombre bueno, justo y honrado, fiel a Dios, el nuevo Adán, que supo ponerse a disposición del Señor, obedecer y construir un proyecto nuevo de salvación, siguiendo las directrices de Dios (ver Gén 6,6-9,17). En medio de aquella historia de caos, confusión y maldad, surge este hombre maravilloso, bueno y justo que es Noé, como un verdadero “hijo de Dios”, anticipo del auténtico Hijo que es Cristo, como semilla de una nueva humanidad rescatada del pecado, y propiciando la nueva presencia de los hijos de Dios en este mundo.

- Hoy asistimos a una ruina producida por la violencia estructural, que debe ser subsanada. Y esto es lo que hace el Señor (“se acuerda”), es decir, se preocupa por la vida y la integridad humana, amenazada por la espiral de la violencia. El compromiso de Dios no es el de castigar, sino garantizarnos a todos una nueva vida, defenderla y cuidarla. Es allí donde debemos descubrir al Dios del diluvio, es decir, al Dios que defiende la vida, que cuida y protege al mundo, en especial, a los más frágiles. Esto lo vemos en el texto cuando cuida de Noé y de su familia y hasta de los animales, en un arca salvadora. Hoy vivimos y sufrimos situaciones de verdadero diluvio amenazador (no estamos pensando en inundaciones y crecidas de ríos y lluvias torrenciales de invierno, comunes en Costa Rica y en el mundo), sino en la violencia institucionalizada del país, atentados, robos, crímenes, una cultura de muerte, situaciones ante las cuales no debemos apelar al Dios del castigo, sino al Dios de la esperanza que nos reta a cambiarlas…

- Sabemos que el egoísmo y la violencia hacen imposible la vida y la convivencia. La narración del diluvio es una llamada profética de atención, para hacer propuestas constructivas de una convivencia, entendimiento y solidaridad entre todos.

- Cuando en Israel se escribieron estos relatos, el pueblo elegido vivía en situaciones de muerte, de caos y de violencia (ver Jer 6,7; 20,8; 51,35.46; Hab 1,2-3.9; 2,8.17), además de las injusticias sociales, pobreza, iniquidad, formas de gobierno injustas de sus reyes, como codicia, abusos, opresión y violencia, situación que ya se venía dando desde los tiempos del rey Salomón y anunciada y denunciada tiempo atrás, por el profeta Samuel (1 Sam 8). En aquellos difíciles tiempos cobraron vida los textos de Gén 1-11, la prehistoria de Israel, la primera historia de la humanidad, en especial, los textos que hablaban del diluvio universal (Gén 6,5-9,17), que venían a iluminar la situación del pueblo, que se presentaba como “aguas amenazantes” (Is 6-9). Es decir, que todo este caos, situación de sufrimiento, dolor, pobreza, situación política, económica y social del pueblo de Israel, era un verdadero “diluvio”, toda una catástrofe.

- Hoy vivimos tiempos parecidos que podrán parecernos catastróficos. Pero el Señor “se acuerda” de nosotros. Aquel viejo del relato del diluvio, le enseñaba a Israel que su Dios es un Dios bueno, cariñoso y justo, que cuidaba de todos en tiempos terribles. El Señor realiza esto mismo con nosotros, en nuestros propios “diluvios” de diversas situaciones difíciles, que parecen ahogarnos...

- El relato del diluvio sirvió el pueblo de Israel para salir de su situación de caos. Noé y su familia es símbolo de un pueblo que resucita y que resurge, es la comunidad, que puede vivir de nuevo, que puede crecer y surgir. Es el nuevo Israel, que nace de aquel “diluvio”, gracias al Dios de la Vida y del futuro, que posibilita una nueva vida pata todos, con esperanza y optimismo. Hoy también el texto bíblico y la película pueden ayudarnos a vivir confiando en Dios y para plantear y realizar proyectos de vida, en nuestro país y en el mundo, respetando al Dios Creador y al mundo creado que es bueno, porque es hecho por un Dios bueno. La película de Noé, acompañada del texto bíblico, es una llamada a la responsabilidad y al cuidado de nuestro entorno, una apelación al Dios de Jesucristo, que es capaz de transformar todo caos y todo diluvio que a veces producimos nosotros, en situaciones de nueva vida y de nueva creación.

 Noe

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis