Ya está por llegar el Anticristo

En algunos programas radiales o televisivos, medios de comunicación, conversaciones bíblicas y demás, se habla del Anticristo, que está por llegar y un sinfín de cosas acerca de él, pero nadie sabe quién es y como vendrá. Lo cierto es que para algunos, ya casi “está encima”...

Se ha dicho que es un ser siniestro y malvado, que nacería con el número 666 en su cabeza y diciendo blasfemias; que el Diablo sería siempre su compañero y que podía levitar o elevarse sobre la tierra. En la Edad Media se le identificaba con Mahoma, Lutero y otros personajes famosos. Hoy día, algunos han querido identificarlo con Hitler, Ronald Reagan, Sadam Huseeim, Amin Dada y otros personajes, célebres por su maldad. De todo y para todo se ha prestado esta figura.

La idea del Anticristo es una leyenda creada por la gente de los tiempos antiguos. Algo así como aquí, en nuestros pueblos, hemos creado monstruos y fantasmas maléficos: la Segua, la Llorona, el Cadejos, la Tule Vieja, el Dueño de monte y otros más, que, en realidad, no existen sino en la imaginación de la gente.

¿De dónde surge?

El pueblo de Israel, como sabemos, sufrió muchísimo siempre a lo largo de su historia: esclavitud, persecuciones y humillaciones.

Por eso, los judíos de aquellos tiempos creían que, en el futuro, cuando llegara el Mesías a salvarlos, aparecería también un hombre poderoso que, con violencia y crueldad sin límites, les haría la guerra. De allí que esta figura aparezca en la Biblia, en especial en Ez 38,1-23 llamándolo Gog, príncipe de Magog. También en el libro de Daniel, se habla de una bestia espantosa, que tiene un cuerno pequeño y que dice blasfemias (véase Dan 7,8-26). Este monstruo simboliza al rey Antíoco IV de Siria, un perseguidor de los judíos muy inhumano, que gobernó en los años 176-164 a. C. (véase 2 Mac 7,1-41).

Esta creencia judía pasó al Nuevo Testamento, en especial, en los años de la persecución romana, cuando ésta cobró fuerza. Y, como todo, se propagaron rumores de cómo sería este hombre siniestro, dónde se encontraría, cuándo aparecería, qué poderes tendría y las hazañas que haría. En fin, muchas especulaciones. Algo así como cuando hace un tiempo, en ciertos medios de comunicación se hablaba de un tal “chupacabras” que, a ciencia cierta, nadie pudo identificar.

Podemos imaginar, entonces, el miedo que cundió por todas partes, en las primeras comunidades cristianas.

Ante esta situación, el autor de las cartas de Juan, al escribir la primera, quiso aclarar de una vez por todas estas dudas. Y, entre otras cosas, les dice: Hijos míos, ustedes han oído que iba a venir un Anticristo (1 Jn 2,18). Es decir, Juan alude a esta leyenda judía y, entonces agrega: Pues bien, muchos anticristos han aparecido...

Es decir, que aquellas ideas que corrían entre los cristianos eran simples mentiras, como las de ahora, y que no era uno solo, sino “muchos” y que “ahora han aparecido” y no en el futuro. Juan los identifica diciendo, entonces: Porque todo aquel que niega que Jesús es el Cristo, o niega al Padre y al Hijo, ese es el Anticristo... (1 Jn 2,22). Y, para que no quepa la menor duda, algunos años más tarde, les escribió: Muchos mentirosos han aparecido en el mundo, los cuales niegan que Jesucristo sea verdadero hombre. Ellos son el Anticristo... (2 Jn 7).

Vemos, entonces que el Anticristo (o enemigo de Cristo), designa una realidad del siglo I que sigue siendo actual: toda persona que niegue que Jesús es el Cristo, toda persona que rechace al Padre y al Hijo, toda persona que con sus ideas extraviadas, destruya la doctrina de la Iglesia sobre Cristo, todo aquel que induzca a los hombres y mujeres a ser infieles a Dios, esa persona era, es, y será, un Anticristo; es decir, un adversario de Cristo. Estos son los únicos pasajes de la Biblia, en que claramente se alude a él, no como una persona, sino como una realidad hecha de maldad.

Entonces, no hay que andar buscando al tal Anticristo por aquí o por allá, como buscar al Cadejos o estar nerviosos esperándolo…

El Anticristo son todos aquellos que hacen el mal, dirigidos y apoyados por el Mal. Y de éstos, no hay demasiado problema en identificarlos, porque existen en nuestras comunidades. Y no olvidemos que nosotros, por nuestro pecado, podemos ser unos “anticristos”, es decir, enemigos de Cristo.

¿Hay “anticristos” en su barrio, en su comunidad?
¿Corre Ud. el riesgo de convertirse en un “anticristo”?

Opine… y comparta su opinión.

Autor: Pbro. Mario Montes Moraga

Biblista Centro Nacional de Catequesis

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis

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Fecha de publicación: 6 de setiembrte de 2010