Adán y Eva - Su significado real

Hay quienes afirman que Adán y Eva no fueron un hombre y una mujer, sino ciudades, ¿podría explicar cuál es el significado real?

Cuando en la Biblia o en la catequesis, se habla de Adán y Eva, ambos nombres corresponden a los primeros padres de la humanidad, pero no como nombres propios, en un comienzo, sino como nombres genéricos o simbólicos. Nada en ellos afirma que sean ciudades. Vamos a explicarnos:

Si pensamos que al hablar del hombre y de la mujer, en Gén 1,26-27, tal como aparecen en el texto, no pensamos en “Fulano” o “Fulana”, sino en todos los hombres y mujeres de la historia, es decir, hombre y mujer en sentido general. De allí que al hablar de Adán y Eva, como los primeros protagonistas de la historia de salvación, vamos a hacer lo mismo. Es decir, dejar de pensar que eran Fulano o Fulana, un muchacho y una muchacha “comiendo jocotes, naranjas o manzanas en un paraíso…”, sino más bien como modelo que lo que somos nosotros y nosotras en la actualidad.

Lo primero que tenemos que decir, es que los autores sagrados, a la hora de redactar los textos bíblicos, no pensaban como nosotros y empleaba otras formas de contar las cosas. De forma que, para enseñar las verdades de la fe, utilizaban relatos, leyendas, lenguaje mítico, narraciones populares y demás que, lejos de decirnos cómo sucedieron los acontecimientos, más bien querían enseñarnos el sentido y el mensaje que, a través de estas formas, se presentan en el texto bíblico para nuestra vida. Y esto sucede con “Adán y Eva”, tan conocidos por todos por medio de la catequesis y de la enseñanza de la Biblia o de la Iglesia, de las conversaciones, películas, exposiciones teológicas y hasta pinturas que existen de ellos… Porque de ambos hemos oído hablar bastante…

Los nombres de “Adán” y “Eva”

Adán y EvaComencemos por sus nombres. El término “Adán”, en hebreo “adam”, no es nombre de persona (es decir, como solemos llamar a nuestros familiares y amigos con un nombre propio como Carlos, María, Ernesto, etc). Significa simplemente “ser humano”. De modo que todos nosotros/as somos “adán”, es decir, “seres humanos”. Además, esta palabra viene de la palabra hebrea “adamah”, que significa “tierra fértil”. Para los judíos, que vivían en tierras áridas y secas allá en Israel, esta palabra “adamah” era sinónimo de vida, de fertilidad y de abundancia.

Y nos cuenta el Génesis, que Dios creó al ser humano de la “adamah”, del polvo de la tierra, del barro, de allí su nombre “adam” (utilizando la imagen tan bella del alfarero, tan común en aquellos tiempos), para que sepamos que el ser humano fue creado especialmente por Dios, que Dios lo hizo de sus propias manos, y le dio vida de su misma vida (ver Gén 2,7).

Por otra parte, la palabra “Eva” (en hebreo “hawwah”), tampoco es un nombre propio de persona, en este caso de una mujer. Se trata de un término hebreo, relacionado con un verbo hebreo (“hayah”), que significa “vivir”. Por eso, el libro del Génesis asocia el nombre de Eva, al hecho de que ella es la madre de todos los vivientes (ver Gén 3,20). Por eso, es que siempre hemos pensado que Eva era una mujer concreta.

Con el paso del tiempo, “adam” y “hawwah” se convirtieron en nombres de personas, es decir, en “Adán y Eva”, tal como los conocemos (ver Gén 5,1). Por eso es que siempre hemos creído en ellos dos, como una pareja de novios o esposos, que con ellos comenzó la existencia de la humanidad y que todos venimos de ellos… El Nuevo Testamento ha pensado así, como “Adán” o “Eva” (ver Lc 3,38; Rom 5,12-15; 1 Cor 15,22.45; 2 Cor 11,3; 1 Tim 2,13-14, Jds 14), cuando más bien el texto del Génesis lo que enseña es que los seres humanos venimos de Dios mismo, pues Él nos ha creado a su imagen y semejanza (ver Gén 1,26-27). Si descendemos de una sola o más parejas, esto lo tiene que contestar la ciencia, la antropología o la etnología, pero no la fe.

Resumiendo: el término "Adán" no significa sólo "hombre" en el sentido de individuo aislado. La palabra "Adán" significa metafóricamente "la humanidad". A partir de la tierra misma, el Señor Dios ha modelado la humanidad que puebla el mundo (Gén 2,7). La palabra "Eva" tampoco es un nombre propio, sino simbólico. Eva representa lo que humaniza al ser humano. Eva representa metafóricamente "la sociedad". El texto acerca de la creación del hombre y la mujer (Gén 2,4b-25), enseña que únicamente el contacto fraternal con los demás, hace que la vida sea plenamente humana. El “hombre” (“Adán”), que Dios ha modelado, termina de formarse en "Eva"(ver Gén 2,7.18-24).

Ahora, si nos fijamos en el texto completo de la creación de la humanidad en Gén 2,4b-25, nos vamos a dar cuenta de su enseñanza. Que el ser humano o el “hombre”, se hace verdadera "humanidad" cuando es capaz de vivir en "sociedad", y la sociedad es buena cuando posibilita al ser humano desarrollar su humanidad. Notemos que los términos "humanidad" y "sociedad" son complementarios: no pueden entenderse el uno sin el otro. Todas estas enseñanzas las expresa el autor de este pasaje, diciendo que el hombre fue creado del barro, que fue puesto en un jardín para que lo cuidara, que luego la mujer fue creada de su costilla, y que ambos estaban desnudos. No intenta, por lo tanto, decirnos “cómo” fueron ambos creados al comienzo, sino cómo debían ser los seres humanos de todos los tiempos.

Las relaciones entre los seres humanos, es decir, entre la "humanidad" que vive en "sociedad" (entre Adán y Eva), son transparentes y armoniosas en sus comienzos. Dice el texto bíblico: "Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza el uno del otro" (ver Gén 2,25). Mediante esas palabras, el Génesis afirma que al principio las relaciones sociales eran limpias. Cuando alguien miraba a su hermano o hermana, su mirada llegaba al corazón. Ningún ser humano tenía miedo de hacer partícipe a otro de sus ideas, pues las relaciones sociales eran transparentes, es decir, no estaban empañadas por el afán de poder, tener o aparentar. Es decir, por el pecado.

El “hombre” (“Adán”), es el rey de la creación y participa de la tarea divina dando nombre a los animales (ver Gén 2,19-20). La “mujer” (“Eva”), simboliza la vida en la sociedad que permite la humanización del “hombre” (ver Gén 2,21-24). El Edén representa la tierra cargada de árboles frutales que el “hombre” cuida por afición (ver Gén 2,8.15). El Señor Dios es el amigo del hombre y la mujer, le gusta relacionarse con los seres humanos, durante la brisa fresca de la tarde (ver Gén 3,8).

Enseña el texto de Adán y Eva que la relaciones entre estos cuatro elementos son transparentes. La humanidad y la sociedad pueden verse “desnudos”, no tienen nada que ocultarse. La sociedad ha nacido de algo inherente al ser humano, permitiéndole desarrollar su humanidad. El mundo es un espacio agradable. El trabajo del ser humano, hombre o mujer, consiste en la experiencia feliz de ver crecer el mundo que Dios ha formado. El Señor Dios ha formado el mundo y modelado al ser humano, para terminar después de humanizarlo en sociedad.

Esta situación en la que las relaciones entre Dios, el mundo, la sociedad y la humanidad son de total transparencia y armonía, se denomina (bíblicamente hablando), “Reino de Dios” o “justicia original”, en el lenguaje de los teólogos. El Reino de Dios se manifiesta y se hace presente cuando los seres humanos experimentan plenamente el amor entre ellos y con Dios. Esto es lo que significa la pareja “Adán y Eva”, de la que tanto se nos ha enseñado y de la que tanto hemos visto. Por eso, el pecado “original” que ambos cometieron, no fue simplemente “que se comieron una manzana y que Dios hizo luego un berrinche”. La cosa es o fue mucho más seria.


 

Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis

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Fecha de publicación: 01 de setiembre 2014