¿Hay un Dios en el cielo?

A Ud. y a mí, seguramente, nos es familiar, la imagen de Stephen Hawking, en su muy particular “silla de ruedas”.

 Para quien no sepa de él, describámoslo brevemente: inglés, a la fecha con 68 años, reside en el Reino Unido. Padece de neurodistrofia muscular, relacionada con la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que ha progresado a lo largo de los años y lo ha dejado casi totalmente paralizado. Por eso, esa especie de “silla de ruedas” y otros medios ultramodernos, suplen muchas de sus limitaciones y le han permitido continuar, aún en esta situación, su destacada carrera científica, como investigador en las Matemáticas aplicadas, la Física teórica y la Cosmología. Ha producido numerosos e importantes estudios y, por supuesto, ha recibido premios y reconocimientos, también como una celebridad académica.

El Dr. Hawking ya lo había dicho, y ahora lo repite: que las nuevas teorías de la física demuestran que el surgimiento del Universo no necesitó de Dios, sino que se creó a sí mismo en forma espontánea. Manifestó expresamente a los medios que esta creación espontánea es la causa de que haya algo en lugar de la nada, de que exista el universo, de que nosotros existamos. En otras palabras: DIOS NO EXISTE.

Obviamente, empezando por su propio país, las reacciones no se han hecho esperar, en particular, desde los líderes religiosos de las grandes religiones monoteístas.

Por ejemplo, el académico jesuita Robert Spitzer explicó que las afirmaciones de Hawking contra la existencia de Dios y en favor de la física, reflejan confusiones fundamentales sobre el concepto cristiano de Dios como creador de todo lo que existe, lo que incluye el universo y las leyes de la física que se le aplican. Porque –explica- aunque Hawking hable de un universo "creándose a sí mismo de la nada", se presupone que esta "nada" de alguna manera involucra gravedad y otras leyes fundamentales de la física. Y añade que malinterpreta la verdadera relación entre Dios y su creación. Y añade que "Hawking no ha explicado claramente por qué existe ‘algo’ en lugar de nada. Sólo ha dicho que ‘algo’ viene de algo", al describir el desarrollo de un universo que funciona en la base de leyes como la gravedad. El P. Spitzer, interpreta que Hawking admite este profundo misterio en el mismo momento en que trata de desestimarlo.

Es la ocasión para recordar que, en 1994, el periodista italiano Vittorio Messori formuló una serie de preguntas interesantes al Papa Juan Pablo II, cuyas respuestas le permitieron conformar y publicar el libro “Cruzando el umbral de la esperanza” (Grupo Ed. Norma- Bogotá, 1994). Una de las primeras fue: ¿Hay de verdad un Dios en el cielo? Y Juan Pablo II, después de recurrir a argumentos filosófico-teológicos, desciende, citando al Concilio Vaticano II (GS), a la conclusión de que la pregunta acerca de la existencia de Dios no es sólo una cuestión de intelecto, o es, al mismo tiempo, una cuestión que abarca toda la existencia humana: qué es el ser humano, el sentido del dolor, el mal, la muerte, a las cuales la ciencia no ha podido dar respuesta.

Cuatro años después, Juan Pablo II abordó “el drama de la separación entre la fe y la razón” en la Encíclica "Fides et Ratio” (Fe y Razón). No estando una y otra enfrentadas, el Papa exhortó:

No es inoportuna, por tanto, mi llamada fuerte e incisiva para que la fe y la filosofía recuperen la unidad profunda que les hace capaces de ser coherentes con su naturaleza en el respeto de la recíproca autonomía. A la parresía de la fe, (la libertad espontánea de hablar sin temor) debe corresponder la audacia de la razón.

Pero, volviendo a las preguntas del periodista Messori, Juan Pablo II le responde otra, similar, en estrecha continuidad con la anterior: “Si Dios existe, ¿por qué se esconde?” Y vuelve el Papa a encontrar la raíz en la pregunta filosófica, para pasar luego a referirse al misterio de la Revelación de Dios. Y responde al periodista: “Usted quiere erigirse en portavoz de los hombres de nuestra época, poniéndose a su lado en los caminos – a veces difíciles e intrincados, a veces aparentemente sin salida- de la búsqueda de Dios. (…) “el día antes de su Pasión, los apóstoles preguntaban a Cristo:

Muéstranos al Padre (Jn 14,8). Su respuesta sigue siendo una respuesta clave: ¿Cómo podéis decir: muéstranos al Padre? ¿No creéis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? (…) Si no, creed por las obras mismas. Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 14,9-11 y 10,30).

Retomemos la pregunta de Messori: Si Dios existe, ¿por qué “se esconde”?

¿Por qué “se esconde” al conocimiento del Dr. Hawking?
¿Por qué “se esconde” a quien no soporta ni entiende el dolor?
¿Por qué, siendo Dios, “permite” que el relativismo lo oculte a los ojos de la sociedad actual?


¿Por qué te escondes, Señor,
cuando la mañana es oscura y el día se anticipa “cuesta arriba”?

Reconozco, entonces, que durante toda una noche respiré, y mi corazón latió, sin que mediara mi voluntad. Por eso, igual que tras las nubes está presente el sol, nada me impide proclamar que Tú existes, ¡y que estás presente en mi existencia! El riesgo es que mi vida no sea todo lo transparente que requiere, para mostrar con ella, a otros, tu misterio: ¡el de tu Amor!

Y usted, ¿qué opina al respecto?
Además de responder al autor, puede debatir el tema con sus amigos, a través de las redes sociales.

 

Julia Mª Bolaños Araya
Centro Nacional de Catequesis

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Fecha de publicación: 6 de setiembrte de 2010