¿Es machista la Biblia?

La lectura de la Biblia, ¿promueve el machismo?

¿A qué viene la pregunta?... No cuesta mucho saberlo.

En nuestra sociedad, el machismo es un tema de la vida, de la convivencia, y que requiere seria reflexión.

La persona machista a veces ni se da cuenta que lo es, porque la absorbe la cultura a la que pertenece por nacionalidad y condición social. De manera velada o abierta, en todas las épocas de la humanidad, de múltiples maneras, el machismo existido, desde el simple piropo, hasta la violación. Además, la mujer comparte el machismo en la medida en que no es consciente de las estructuras de poder que marcan las relaciones entre ambos sexos y, por consiguiente, las reproduce y con frecuencia contribuye a que se sigan reproduciendo. Se calcula que en Costa Rica el número de mujeres que es víctima de algún tipo de violencia machista, ronda el 58%.

Entonces, demos respuesta a la pregunta: la lectura de la Biblia, ¿promueve el machismo? Depende de qué concepto tengamos de la Biblia y de qué nivel de cultura religiosa tengamos para comprenderla.

La Biblia, como libro, se fue formando poco a poco y a lo largo de muchos años. El ambiente en que se fue escribiendo era de tipo patriarcal, es decir, un ambiente en que los varones eran los que llevaban “la batuta en todo”: el padre de familia, el patriarca o el esposo era el que mandaba en la casa, en especial el varón más anciano de la familia, la tribu o el clan. Por el solo hecho de no ser varón, la mujer contaba poco. Habiendo nacido en una cultura y ambiente así, la Biblia refleja una visión patriarcal del mundo, de las cosas, de la cultura y de las personas. Esto nos muestra que, en sus formas de expresarse, es fruto de un tiempo, de un pasado y de una cultura; de una manera de pensar, de vivir y de actuar.

Dios, que se reveló a los seres humanos a través de un pueblo, Israel, respetó esta cultura de tipo patriarcal, como tantas… En ella se fue manifestando, revelando poco a poco, según la medida del entendimiento de su pueblo. Esto no rebaja a Dios, todo lo contrario. Dios sigue siendo el mismo. Somos nosotros los llamados a descubrirlo, a conocerlo y a amarlo, porque Él siempre nos supera, sin que lo lleguemos a entender, conocer y alcanzar plenamente en esta vida.

Evidentemente, algunos pasajes bíblicos, nos “suenan” a machismo. Sin embargo, Dios ha creado al varón y a la mujer en iguales condiciones, con los mismos derechos y deberes, con la misma dignidad de hijos suyos, hechos a su imagen y semejanza (Gén 1,26-27). El mensaje de la Biblia, por lo tanto, es de igualdad, ya que Dios hizo al varón y a la mujer distintos y complementarios. Ninguno es más que otro, ni tiene por qué dominarlo.

La tendencia machista, pues, no viene de Dios, sino precisamente de los seres humanos y pertenece al entorno cultural.

Pero muchos se preguntan más concretamente: ¿es san Pablo un machista o enemigo de las mujeres? La pregunta surge de textos como éste:

La mujer debe estar callada y sumisa, que no mande al varón ni enseñe en público, que Adán fue engañado por Eva... (1 Tim 2,9-14).

Y sobre todo, éste:

Que las mujeres estén calladas en la asamblea, que no les está permitido hablar; que deben estar sometidas como lo manda la ley. Si desean aprender algo, pregúntenle a sus esposos en sus casas, porque no está bien que la mujer hable en la asamblea... (1 Cor 14,34-35).

machismoUbíquelo en su Biblia: en este pasaje, hasta el versículo 33, Pablo venía hablando del don de profecía y aconsejaba que en las reuniones no hablaran algunos solamente, sino que todos tuvieran la oportunidad de hablar. De pronto aparecen los susodichos versículos 34-35 (...), que hacen callar a las mujeres. Luego, el versículo 36 continúa la idea del versículo 33, en que se permite que todos hablen, al decir: ¿Acaso ustedes son los únicos que han recibido la Palabra de Dios?

Ahora unamos los versículos 33 y 36. Los estudiosos de la Biblia, han llegado a afirmar que estos “molestos versículos” (34 y 35) fueron agregados dos décadas más tarde, cuando los excesos de algunas mujeres “predicadoras” y poco instruidas, que enseñaban doctrinas erróneas, aconsejaba moderar su conducta.

Pablo, en una de sus cartas dice que no tiene esposa (1 Cor 7,7-8). Como varón judío y maestro, tenía la obligación de casarse, según Gén 1,28 y, además, como fiel cumplidor de la ley (Filip 3,5-6). Probablemente cuando se hizo cristiano, ya habría enviudado.

Pero fue en su vida de apóstol y misionero, cuando Pablo valoró enormemente a las mujeres, sus grandes colaboradoras. Al despedirse de la comunidad en su carta a los Romanos (Rom 16), manda saludos a 30 personas, entre ellas a 10 mujeres. Las nombra una a una de manera muy positiva y cariñosa: a Febe (Rom 16,1), que lleva el título de “diácono” (algunas Biblias traducen incorrectamente “diaconisa”), es decir, ella es “ministro” de la comunidad, como Pablo es ministro o diácono (Col 1,23). Luego a Prisca, colaboradora suya (Rom 16,3), mujer de Aquila, que aparece nombrada antes que su esposo, cosa no común en aquellos tiempos.

Menciona luego a María, que trabajó mucho (Rom 16,6), de seguro en la evangelización. Luego a Junia, a la que llama, junto con Andrónico, ilustres apóstoles (Rom 16,7), un título que era reservado sólo a los varones. Tenemos a Trifena y Trifosa, que tanto han trabajado y se han fatigado en el Señor (Rom 16,12), trabajo que, en el lenguaje de Pablo, es la evangelización. Nombra a Pérside, trabajando mucho... (Rom 16,12), y a la madre de Rufo (Rom 16,13), a la que llama “madre mía”. Finalmente, las dos últimas que menciona son Julia y la hermana de Nereo, nombradas antes de “todo el pueblo de Dios”, lo cual indica que tenían responsabilidades en la comunidad cristiana (Rom 16,15).


En otra carta, a los cristianos de Filipos (Filip 4,2-3), termina dirigiéndose a dos mujeres, a Evodia y a Síntique, que lucharon por el evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y los demás colaboradores míos... Estas mujeres fueron sus grandes colaboradoras, igual que los hombres, en la tarea evangelizadora. Y en su cartita a Filemón, menciona a Apia, la hermana, nada menos que en el encabezamiento de esta carta (Film 2). Algo inimaginable en aquellos tiempos.

Como podemos ver, San Pablo las tiene en un alto lugar, las quiere, las valora y les otorga un lugar privilegiado en la Iglesia. Las alaba y las reconoce, destacando en ellas sus cualidades y sus esfuerzos. Aún más, tenemos un texto muy revolucionario para aquella época, a favor de los derechos de las mujeres:

en Cristo ya no hay judío ni griego,
esclavo ni hombre libre, varón ni mujer...

(Gál 3,28).

Es decir, que gracias a Cristo, la mujer no es un ser inferior, sino que tiene los mismos derechos y la misma dignidad que el hombre. Algo completamente novedoso en la sociedad judía y también en nuestra sociedad machista.

El aprecio de Pablo por las mujeres, por sus cualidades y aportes, puede aplicarse a las mujeres que hoy día trabajan dignificando la sociedad y construyendo la Iglesia.

De esta manera, la sociedad actual puede ir constatando algunos avances en este sentido. Un ejemplo: en el protagonismo de las mujeres en las pequeñas y medianas empresas de Costa Rica, el 80% del comercio no formal pertenece a ellas, quienes destacan en escolaridad, servicio al cliente y apoyo comunal.

El machismo, alentado en todas las culturas a través de milenios y apoyado abierta o veladamente por líderes políticos, religiosos, académicos, sólo podrá desaparecer si estudiamos y discutimos el tema a la luz de la dignidad de los seres humanos, “iguales en dignidad, derechos y deberes”, según la voluntad del Creador.

Y serán las mismas mujeres, esas que, sin temor a subir en una motocicleta para trasladarse al trabajo, aspirar con dignidad a un cargo político, destacar en una competencia deportiva, investigar, enseñar y ser propositivas en la labor evangelizadora de la Iglesia, se dirán a sí mismas qué quieren ser.

Y reflejarán con hechos, a la sociedad, una alegría similar a la que experimentó una mujer del pueblo, María, elegida para traer al mundo al Hijo de Dios:

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”
Lc 1,13
“No temas, porque has encontrado el favor de Dios" (Lc 1,38.40)

 

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Pbro. Mario Montes Moraga
Departamento de Animación Bíblica
Centro Nacional de Catequesis