Bautismo e Iniciación Cristiana



Se trata de un rito unitario, que comprende los gestos de lavado bautismal, de la unción, del signo de la cruz y de la imposición de manos, y de la comunión sacramental. En todos ellos descubrimos los tres grandes sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

Con el Bautismo y la Confirmación, se empieza este proceso de iniciación. Son sacramentos iniciales o iniciáticos de todo un proceso de vivencia de Cristo y de su Espíritu. Puestos al comienzo de la vida cristiana, la contienen en germen y la condicionan en su totalidad; recibidos una vez para siempre, marcan profundamente el itinerario cristiano; todo discípulo de Cristo siempre será un bautizado y un confirmado; la Eucaristía llevará a plenitud y renovará constantemente la gracia del Bautismo y de la Unción del Espíritu:

Son sacramentos iniciáticos, pues el cristiano, al recibirlos en el proceso de la iniciación y a sus misterios, es llamado a escuchar la Palabra de Dios (kerigma), requiere de una catequesis progresiva. El kerigma lo introduce, luego tiene necesidad de conocer y vivenciar la doctrina (catequesis). De lo contrario, los sacramentos se volverían simples ritos, casi mágicos...

Hay necesidad, pues, de toda una preparación (una mistagogia), para entrar e ir viviendo el proceso (catecumenado). La persona pasará por una serie de ritos que evocan los misterios cristianos en una serie de simbolismos, se dejará impactar por ellos, experimentará, asumirá... Por ejemplo, el uso del agua (símbolo de vida o muerte), la luz...

El Nuevo Testamento nos ofrece las grandes líneas de esta Iniciación bautismal:

Los Evangelios acentúan la fe para recibir el Bautismo. Juan acentúa al Espíritu como autor y como don del Bautismo cristiano. De tal manera, con la fe y el Bautismo, el discípulo “entra” en el misterio de la Salvación.

* Ya vimos el Bautismo como iniciación cristiana en Hech 2,21. Antes del Bautismo, precede el anuncio, siguen la llamada a la conversión, se adhieren a Cristo por la fe en Él, se administra el Bautismo con sus correspondientes efectos: remisión de los pecados y don del Espíritu, y se integra a la Iglesia.

* Pablo habla de todo este proceso de iniciación con el bautismo de manera global en sus cartas. Recordemos como él se hizo bautizar por Ananías (Hech 9,17-19). En él prevaleció esta experiencia bautismal y singular de su conversión y de su bautismo, con los efectos de renovación, iluminación, plenitud del Espíritu (Hech 22,12-16; 26,16-18).

* Para ello, resume su mensaje en Rom 6,3-4: el Bautismo es una comunión, inmersión, en el misterio de la Muerte - Resurrección de Cristo. Muerte del hombre viejo, nacimiento del hombre nuevo. De todo esto se desprenden todas las virtualidades del Bautismo: vida en Cristo, en su muerte y en su nueva vida en el Espíritu (Gál 2,19-21; 5,24-25; Col 3,1-4; Ef 2,4-8).

* De allí surge la exhortación a vivir esta “iniciación” recibida, tanto en sentido negativo –lucha contra el pecado- (Rom 6,12-14), como en sentido positivo –revestirse de Cristo- de sus obras y sentimientos (Ef 4,17-32).

* Todas son alusiones a la iniciación bautismal, algunas implícitas, donde se habla de los maravillosos efectos de la vida cristiana como filiación divina y don del Espíritu (Gál 4,6; Rom 8,14-17; Ef 2,4-8...). No podemos dejar de lado las perspectivas eclesiales del sacramento (1 Cor 12,13; Ef 4,4-5). Luego 1 Ped 1-2; 3,18-22; 4,1-19.